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La fraternidad y la convivencia: un valor de la cultura marroquí

| Kholoud Hajjaj Tholoun

Como estudiante marroquí del Centro Sociocultural Lerchundi de Fnideq, me siento orgullosa de hablar sobre uno de los valores más profundos de mi cultura: la fraternidad y la convivencia. Para nosotros, los marroquíes, vivir juntos no es simplemente compartir un espacio, sino compartir el corazón.

Desde pequeña aprendí que la generosidad y el respeto son pilares fundamentales de nuestra sociedad. En Marruecos, la familia nos enseña que el otro es una responsabilidad y una bendición al mismo tiempo. Crecemos entendiendo que ayudar, escuchar y acompañar forman parte natural de nuestra manera de ser.

Hoy tuvimos una experiencia que refleja perfectamente este espíritu. Como estudiantes de lengua española, organizamos un desayuno en nuestro centro. Cada una de nosotras preparó algo con cariño y lo compartió con las demás. Más que una simple reunión, fue un momento lleno de alegría, cooperación y armonía. Sentí que ese pequeño gesto representaba algo mucho más grande: la esencia de la convivencia marroquí.

En nuestra cultura, la mesa es un símbolo de unión. Compartir el pan, el té o un plato tradicional significa abrir el corazón. No importa la cantidad, sino la intención. Lo importante es que nadie se quede fuera, que todos formen parte del momento.

Durante celebraciones religiosas como el Ramadán, esta fraternidad se vuelve aún más visible. Las familias invitan, los vecinos comparten, y la solidaridad se convierte en una práctica diaria. Estos valores nos recuerdan que la verdadera riqueza de Marruecos no está solo en su historia o en sus paisajes, sino en su gente y en su capacidad de convivir con respeto y amor.

Escribo estas palabras no solo como estudiante, sino como joven marroquí orgullosa de formar parte a una cultura donde la fraternidad no es teoría, sino vida cotidiana.